Signo de proteccón y amparo, que su sombra nos cobije siempre, que su luz nos guíe y nos acoja

miércoles, 2 de diciembre de 2009

El desafío de las diosas oscuras


Cuando una mujer decide trabajar con sus Diosas Oscuras está efectuando un acto de Poder, Belleza y Coraje.
Realiza un acto de Poder porque confía en sí misma y sabe que enfrentar sus miedos y convertir sus monstruos en aliados le devolverá una gran cantidad de energía. Si luego de celebrar un ritual con las Diosas Oscuras permanecemos en el cansancio y el agotamiento, es porque no nos hemos entregado lo suficiente a la tarea: en nuestro interior sigue la batalla para negarnos a asumir nuestros aspectos oscuros. Y esa batalla es la que nos desgasta y nos drena la energía.
Crea un acto de Belleza porque una mujer poderosa es naturalmente bella y no requiere someterse a ningún “lifting”, a ninguna dieta rigurosa ni a dolorosas sesiones de depilación. No se avergüenza de sus arrugas porque cada una le recuerda lo sabiamente que ha vivido, ni de sus estrías o sus gramos de carne porque le recuerdan lo feliz que fue cada vez que fue madre y el placer sensual que le proporciona cada curva voluptuosa de su redondez femenina. No niega su vello porque la Madre lo puso en su lugar para protegerla ni esconde sus canas porque cada hilo de plata le recuerda su amorosa conexión con la Gran Madre Luna...
Concreta un acto de coraje porque sabe que, una vez despiertas, las Diosas Oscuras le exigirán que llegue hasta el fondo, que se zambulla hacia la raíz misma de sus problemas y limitaciones. Ellas no permitirán que miremos hacia otro lado. Una vez activadas, tenemos que dejarlas ocupar su lugar y no seguir anestesiándolas, porque ellas no lo permitirán.
Cerrarnos a su medicina, una vez que les abrimos la puerta, indica un costo muy alto que podemos pagar con nuestra propia salud, si no nos damos cuenta. No es suficiente con un solo contacto. Hay que seguir conociéndolas, amándolas y cediéndoles el lugar que se merecen en nuestra vida. Danzarlas en un ritual solo marca un comienzo. Es como cuando alguien nos presenta a otra persona. Si no volvemos a verla, no se nos ocurriría pensar que es nuestras “amiga”... con las Diosas Oscuras tampoco sucede así. Tenemos que cultivar nuestra relación con ellas, acostumbrarnos a su presencia, escucharlas, comprender su dolor, cicatrizar sus heridas.
Ellas son muy agradecidas y nos devolverán la gentileza del mismo modo. Pero ya conocemos como se ponen cuando las ofendemos... pueden llegar a ser letales.
Contactar con el dolor de Inanna y no descender con ella hacia el submundo no nos permitirá conocer jamás la verdadera cara de Ereshkigal, nuestro lado oscuro. Despertar a Pele y seguir aceptando la traición y el sometimiento nos induce a continuar alimentando un volcán que puede estallar en cualquier momento, tirando por la borda nuestras relaciones y nuestros sueños. Pedirle ayuda a Sejmet para sanarnos y luego “seguir dándole cerveza” para que se olvide de sí misma solo nos llevará a autodestruirnos. Vestirnos con la piel de Lilith y seguir permitiendo que abusen de nuestro cuerpo y de nuestra capacidad de elegir nos hará sentir humilladas y desvalidas.
Danzar a Kali y no ser capaces de cortar los lazos que nos mantienen en relaciones co-dependientes con los demás, harán que sus dagas se vuelvan en contra de nosotras mismas y de quienes amamos. Invocar a Hécate y seguir avergonzándonos si nos llaman “brujas” es una gran contradicción y supone una enorme pérdida de poder...
Nuestros verdaderos enemigos en este viaje hacia la re-unión de todas nuestras partes, hacia nuestra sanación, no son estos arquetipos poderosos sino nuestros miedos a vivirlos en plenitud. Nuestro miedo a hacernos cargo de nuestro propio Poder. No nos olvidemos que cada una de estas Diosas es terriblemente poderosa y temible... a quién se le podría ocurrir hacernos daño si las tuviéramos como aliadas?
Poder, Belleza y Coraje son atributos que las mujeres traemos con nosotras al nacer. ¿Por qué seguimos empeñadas en creer lo contrario? ¿Qué tememos perder que ya no hayamos perdido? ¿Una relación? ¿Un trabajo? ¿El amor de alguien? ¿La ilusión de seguir siendo niñas (*)?
Y... sí. Tenemos nada menos que deshacernos de muchas ilusiones, de grandes mentiras que hemos creído como si fueran grandes verdades pero que, más allá de todo, fueron nuestro sostén durante mucho tiempo. Hacernos cargo de nuestra vida no es fácil, pero es un derecho que no podemos eludir porque es ejerciéndolo como podemos ser verdaderamente libres.
En definitiva... no hay como haberlo perdido todo... Si no tenemos nada para perder significa que la única posibilidad que nos queda es empezar todo de nuevo. Salir a la vida como bebés recién nacidas, pero con la suficiente experiencia como para decidir esta vez qué clase de vida elegiremos para nosotras... ¿No es un desafío apasionante?
Bienvenidas sean Diosas Oscuras que con sus feas caras nos desnudan y nos muestran la verdad! Ellas nos invitan a pasar por encima de las limitaciones creadas por nosotras mismas y por las expectativas de los demás. Nos conectan con ese lugar sagrado donde reside la Sabiduría y donde el Alma del Mundo, en sintonía con nuestra propia alma, teje y desteje la trama de nuestro destino. Nos expanden la conciencia con la certeza de saber que estamos comprometidas con algo mucho más grande que nuestras propias vidas.
¡Y benditas sean, Diosas Oscuras, porque nos obligan a crecer, a levantar la frente y a vivir con dignidad!

Sandra Román

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